Durante la Ascensión, la embarcación del líder lanza un anillo al agua, sellando una promesa de cuidado. El brillo del metal, el bamboleo del casco y el murmullo de remos invitan a tocar la barandilla y sentir pertenencia inmediata.
En julio, la ciudad tiende puentes de madera y cubre embarcaciones con manteles. Familias y amigos comparten platos mientras las manos sostienen vasos que reflejan fuegos artificiales. Si alguna vez brindaste allí, cuéntanos con quién navegaste y qué sabor te acompañó.